lunes, 13 de diciembre de 2010

El Día de la Marmota

Estoy en un eterno Día de la Marmota. Esta experiencia, o mejor dicho, ya estilo de vida, se lo debo a mi madre, aunque ella no lo pretende. Ni siquiera lo sabe, la pobre.
Suena el despertador a las 7 y... "Quiero irme a mi casa". "Mamá, estás en tu casa". "Quiero irme a mi casa, esa mas cerca de la calle" (la salita de estar). "Voy a levantarme". "Mamá, no puedes. Espera a que vengan las chicas". "No sé por qué no puedo levantarme". "¿Qué toca ahora?" "Esperar a que te levanten, laven, vistan y luego a desyunar". "¿Y ya? Pues esto no es vida". Ya os hacéis idea.
A las 7'45 "¿Vas a venir a comer?" "Sí, como todos los días" "¿Y cuántos somos?". "Sólo nosotras. Vivimos solas", etc., etc. Y sólo llevo 45 minutos despierta. Por no extenderme mas, diré que me saca de la ducha con gritos desesperados de "CHELOOOO, CHELOOOOO", que me asustan siempre y que siempre es para volver a repetir la conversación anterior.
Cuando estoy en la puerta para irme a trabajar, otra vez me llama y repetimos de nuevo la conocida conversación, ella insegura y preocupada por sus actividades, y yo por estar a punto de estrangularla. Respiro profundamente y le doy o le escribo informaciones del tipo "salgo a las 3, comemos juntas" y cosas por el estilo, pero no importa, a la 1 me llamará para preguntarme agobiada qué hago que me retraso tanto y lo sola que está.
Cuando llego a comer, me recibe acogedora pero ligeramente mosqueada por "mi tardanza". Y nuevas quejas de soledad. Si le pregunto cómo está, no responde sino con su eterno "¿Cómo quieres que esté?" que evidentemente no informa pero sugiere que muy mal, sobre todo cuando se queja de las "perrerías" que le hacen las cuidadoras y que son horrores como darle las medicinas, cambiarle el pañal y tratarla con mucho cariño a pesar del daño que les hace cuando las agarra. Pero antes de comer me transformo en Indiana Jones en busca del tesoro perdido y que generalmente consiste en su broche de plata que no sabe dónde lo ha dejado y que cree que se lo han robado (cada día) hasta que aparece. Nuestra vida cotidiana es así.
Mención aparte merecen nuestras conversaciones y que siempre son las siguientes: repaso de sus parientes para saber si se han muerto o no, quién es hijo de quién con una confusión generacional cojonuda, dónde están mis hermanas, pedirme dinero, contarme lo que dijo su suegra cuando supo con quién se iba a casar su hijo, la desgracia de ser huerfanita, lo buenos que eran su abuelo y el tío cura, etc. y esto muuuuchas veces cada día. Cuando llegan visitas, que cada vez son menos, el repaso de muertos se extiende a Tomelloso y comarca.
Me voy a trabajar por huir de la maldita marmota pero es inútil, me acompaña siempre. Los jefes con las mismas chorradas de siempre, las mujeres siguen malatratadas y discriminadas como siempre, los rumores de siempre... Y, en fin, con mis amig@s la marmota es parte del grupo...
Por lo menos mi madre tiene excusa.

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